Recientemente, el municipio mexiquense de San Mateo Atenco dio un paso en beneficio de la salud de sus habitantes con la inauguración de la Unidad de Atención Primaria a la Salud Mental y Adicciones (UAPA) y puso en marcha la Estrategia “Unidos por la Vida” con el fin de promover el cuidado de la salud mental entre su población.
También se estableció la Red de Vigilantes para la Prevención del Suicidio integrada por autoridades, civiles y medios de comunicación con el objetivo de prevenir conductas suicidas de manera comunitaria
Esta institución está conformada por especialistas de diversas ramas de la salud que ofrecen apoyo gratuito.
¿Por qué destacan este tipo de acciones?
La salud mental es tan importante como la salud física y es un pilar fundamental del bienestar colectivo, así como del desarrollo sostenible de cualquier sociedad. Destinar recursos a su cuidado no es un gasto, sino una inversión crítica con impacto económico, social y humano.
En primer lugar, se trata de un derecho humano básico respaldado por instituciones mundiales como la OMS y la ONU, cuya falta de atención vulnera la dignidad de las personas. Atenderla, incluyendo programas de prevención de suicidio, reduce las tasas de esta causa de mortalidad hasta en un 30%.
En este mismo sentido, tener estrategias claras y realistas sobre el cuidado de la salud mental reduce la carga de los sistemas de salud, pues pacientes con trastornos mentales no tratados saturan servicios de urgencias. Por tal motivo, la integración de salud mental en atención primaria es más eficiente y accesible.
Socialmente, esta problemática también se relaciona directamente con ciclos de pobreza, violencia y exclusión; por lo que invertir en ella resulta clave para romper el vínculo entre acciones, delincuencia y trauma.
En cuanto al ámbito económico, los problemas de salud mental no tratados generan pérdidas millonarias a los Estados entre discapacidad, ausentismo laboral y la reducción de la productividad. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), trastornos como la depresión y la ansiedad cuestan, al año, un billón de dólares a la economía global.
Por el contrario, poblaciones mentalmente estables son más creativas, productivas, participantes y resilientes para afrontar otro tipo de problemáticas y crisis que pueden presentarse.
En este sentido, los gobiernos de todos los niveles deben tener como prioridad presupuestos específicos para servicios de salud mental, campañas de sensibilización para reducir estigma, formación de profesionales en detección temprana y leyes que protejan a personas con trastornos mentales o adicciones.
Hoy se reconoce y aplaude el trabajo del gobierno municipal de San Mateo Atenco que ha puesto el ejemplo, sin embargo, aún queda mucho por delante. Invertir en salud mental no es un lujo, es la base para construir una mejor sociedad en todos los ámbitos.