Explora el presente y mira hacia el futuro

En altépetl vive el arte y el cine

Daniel Cuin

Publicado el 18 de septiembre del 2025

  • En su novena edición, el Festival Quilotzin convierte a Toluca y San Miguel Almaya en un territorio vivo donde el arte, la memoria y la comunidad se entrelazan bajo el eje curatorial del altépetl, una cosmovisión ancestral que resignifica el presente y proyecta futuros posibles

En el corazón del Estado de México, donde los cerros parecen custodiar lagunas y la palabra oral aún se transmite como un bien común, el Festival Quilotzin celebra su novena edición. Nacido en San Miguel Almaya, Capulhuac, este encuentro se consolida como un espacio donde el arte urbano, la danza, la música, el cine y la tradición dialogan para resignificar el territorio y las formas de comunidad.

Este 2025, el festival se desplegará en dos sedes: el 9 de octubre en Toluca y del 16 al 19 de octubre en San Miguel Almaya. No será solo un festival, sino una experiencia viva, marcada por un eje curatorial arraigado en: el altépetl, término náhuatl que significa “cerro-agua” y que, en la Mesoamérica prehispánica, nombraba a las comunidades organizadas en torno a su geografía, linaje y vida colectiva.

En San Miguel Almaya, el altépetl no es una noción arqueológica; es una práctica cotidiana. Ahí, la laguna refleja el ritmo de la vida comunal, el maguey conserva su papel en la identidad productiva y ritual, y las danzas, transmitidas de generación en generación, funcionan como un archivo vivo. Quilotzin no solo lo reconoce: lo convierte en escenario, inspiración y propuesta estética.

El festival —organizado por la asociación Cantos de Almaya, fundada en 2020 y parte de la red internacional Artisttree— nació con la intención de utilizar el arte como herramienta de cambio social. Su labor ha sido crear espacios inclusivos que fortalezcan la autoexpresión colectiva y enfrenten problemáticas locales desde la creatividad. “Creemos en el poder del arte para transformar el espacio público”, afirman sus organizadores, quienes entienden el territorio como un lienzo abierto y participativo.

Arte, cine y comunidad: una red que se expande

Este año, Quilotzin contará con un aliado de alcance nacional: Ambulante Presenta 2025, el circuito colaborativo de cine documental que recorrerá más de 70 sedes en 24 estados, con proyecciones entre el 16 de agosto y el 16 de noviembre. Serán 19 largometrajes, programas de cortometrajes mexicanos y la sección Ambulantito para infancias y familias.

La llegada de Ambulante a Quilotzin no es casual. En un país donde, según la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales, menos del 15% de la población asiste regularmente a proyecciones de cine alternativo, integrar el documental y el cine comunitario en un festival que ya trabaja sobre la memoria y la identidad significa abrir grietas en la hegemonía audiovisual. Se trata de hacer que la pantalla no sea un lujo, sino un espejo.

La programación del festival Quilotzin aún no ha sido anunciada por completo por lo que habrá que estar pendiente a las redes sociales del festival o bien consultar su página web oficial: https://cantosdealmaya.org/festival-quilotzin/

Más allá de la programación, el altépetl como eje curatorial plantea preguntas como ¿qué significa pertenecer a un lugar en un mundo atravesado por el desplazamiento y la urbanización acelerada? ¿Cómo se conserva una cosmovisión en medio de la globalización cultural? En Mesoamérica, el altépetl no era solo un mapa; era un sistema político, una organización social y un pacto con la naturaleza. Hoy, festivales como Quilotzin recuperan esta idea para resignificar el presente y proponer futuros posibles.

En palabras de los propios creadores, “cada mural, cada danza y cada proyección es un acto de memoria y de resistencia frente al olvido”. Y en tiempos en que el patrimonio inmaterial enfrenta amenazas de homogeneización, apostar por una estética de raíz se convierte en un gesto político.

El Festival Quilotzin no solo convoca a artistas y colectivos a dialogar con el altépetl; convoca a las comunidades a reconocerse en él. Porque en Almaya, el arte no es espectáculo: es territorio, es voz, es agua que corre por los cerros.

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