Una montaña de tapas plásticas —residuos cotidianos de un consumo globalizado— es, en manos del venezolano Oscar Olivares, materia prima para construir algo más que coloridos murales: es el punto de encuentro entre arte, sostenibilidad y memoria colectiva. En su reciente visita a México, el joven artista develó en Toluca dos nuevas obras monumentales elaboradas con más de 40 mil tapas recicladas, en una ceremonia que conmemoró el vigésimo aniversario de la empresa suiza Corvaglia, líder en la fabricación de tapas y cierres para envases.
Estas piezas, que rinden homenaje al arte mexicano y su riqueza visual, fueron completadas en solo nueve días, y se suman a un cuerpo creativo que alcanza ya 40 murales en menos de tres años. En sus palabras, cada una es una afirmación visual del poder transformador del arte cuando este se alía con la conciencia ecológica: “Cada mural está hecho sobre una base de madera y utilizamos silicón caliente para adherir cada tapa”, explicó Olivares a través de sus redes sociales. “Luego vino el arduo proceso de traslado hasta que finalmente llegaron a su destino”.
Lo que parece una simple técnica de montaje es, en realidad, parte de un manifiesto artístico que Olivares ha perfeccionado desde 2019, cuando empezó a utilizar materiales reciclables para generar obras públicas de alto impacto. Sus murales no sólo resisten el paso del tiempo y las condiciones climáticas, también logran algo que pocos soportes artísticos alcanzan: un sentido inmediato de comunidad. Las tapas, donadas o recolectadas por voluntarios, provienen de manos anónimas que se integran en el relato visual de cada obra.
Arte público, arte responsable
En un contexto donde los residuos plásticos siguen siendo uno de los principales desafíos ambientales del planeta —la ONU estima que se generan más de 300 millones de toneladas de plástico cada año, de las cuales solo una pequeña fracción se recicla—, el trabajo de Olivares plantea una vía alternativa y simbólica: el arte no solo como denuncia, sino como solución activa.
Pero el gesto no se limita a la ecología. Como en el caso de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros o Rufino Tamayo, el muralismo de Olivares también es narrativo. A través del uso del color, la forma y la disposición de las tapas, su obra rinde tributo tanto a los paisajes latinoamericanos como a íconos culturales propios de cada región que visita. En Toluca, por ejemplo, su propuesta incorpora referencias al imaginario mexicano, una manera simbólica de tender puentes entre su país natal, Venezuela, y el país anfitrión.
Desde su primera obra en Venezuela hasta proyectos en Colombia, Honduras, Aruba y ahora México, Oscar Olivares se ha convertido en una figura del nuevo muralismo ecológico latinoamericano. A diferencia de movimientos artísticos tradicionales, su trabajo no nace en galerías ni en academias de arte, sino en calles, parques, escuelas y espacios industriales; ahí donde el arte público puede ser visto por todos y posiblemente tocado por muchos.
Lo que distingue a Olivares no es solo su técnica, sino su capacidad para reconfigurar el valor del desecho, llevándolo al plano de lo simbólico, lo artístico y lo pedagógico.
Con las obras develadas en Toluca, Olivares no sólo celebra una colaboración con Corvaglia, también abre una conversación urgente: ¿qué papel puede jugar el arte en un mundo saturado de residuos? ¿Hasta dónde puede llegar la creatividad cuando se fusiona con la responsabilidad ambiental?
Mientras en muchas ciudades los residuos plásticos se acumulan sin control, en manos de artistas como Oscar se convierten en símbolos de belleza y acción colectiva. Cada tapa, más allá de su color o forma, es una pequeña voz que, al unirse a miles, cuenta una historia más grande: la de un arte comprometido con el planeta y con las futuras generaciones.