París Saint-Germain no tuvo piedad y goleó 4-0 al Real Madrid en las semifinales del nuevo Mundial de Clubes, dejando sin opciones al equipo de Xabi Alonso en una noche para el olvido. Con este resultado, el campeón de Europa se clasificó a la final del certamen tras repetir la dosis que ya había aplicado en rondas anteriores ante el Atlético y el Inter Miami.
Sin embargo, el Real Madrid, que acumuló 86 millones de dólares en premios gracias a su paso por el torneo, fue víctima de sus propios errores. Bastaron nueve minutos para que el PSG sentenciara el rumbo del partido: Fabián Ruiz abrió el marcador tras un regalo de Asencio y poco después Dembélé aprovechó una falla de Rudiger para anotar el segundo. La zaga blanca hizo agua desde el primer minuto y el equipo francés aprovechó cada desliz.
A pesar de contar con figuras como Vinicius, Bellingham o Mbappé (quien tuvo una discreta actuación), el conjunto español fue inoperante. Thibaut Courtois evitó una goleada aún mayor, pero no pudo evitar el doblete de Fabián antes de los 25 minutos. Gonçalo Ramos cerró la cuenta en el complemento con el 4-0 definitivo.
El PSG no necesitó jugar a fondo para exhibir las carencias del nuevo proyecto de Xabi Alonso, que mostró una versión desdibujada, frágil en defensa y sin respuesta ofensiva. La actuación de jugadores como Asencio, Rudiger o Tchouaméni fue particularmente criticada por su bajo rendimiento.
A pesar de su eliminación, el Madrid se embolsó una importante cifra económica: 36.7 millones de euros por participar, sumados a bonificaciones por victorias ante Pachuca, Salzburgo, Juventus y Borussia Dortmund, así como por empatar con Al Hilal y avanzar hasta semifinales.
Sin embargo, ni los millones acumulados pudieron maquillar el descalabro. El PSG fue superior en todo momento, mientras el Real Madrid queda obligado a revisar profundamente su funcionamiento si quiere aspirar a algo en la nueva era bajo el mando de Alonso.
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Finalmente, si bien esta es una habilidad que se puede ejercitar desde la individualidad, también es necesario y urgente fomentar la paciencia colectiva a través de la comprensión, la empatía y la comunicación, y también fortaleciendo otras habilidades como la escucha activa, el establecimiento de expectativas realistas y una amplia reflexión sobre las repercusiones de vivir en una era acelerada. La paciencia no debe ser solo una virtud personal, sino un compromiso social; cuando aprendamos a esperar juntos, podremos construir un mundo donde la prisa no nos eclipse.