Mensajería inmediata, videos ultracortos, chatbots y respuestas automáticas, plazos y cargas de trabajo poco realistas, compras en un clic, streaming sin espera, citas exprés y resúmenes de todo lo que queremos saber, son algunos de los resultados que ha traído consigo la era de la inmediatez; las personas desean tener lo que anhelan rápido, fácil y sin espera alguna, y, como respuesta, hemos construido un mundo acelerado e hiperconectado.
Esta cultura, señala National Geographic, exige la realización de varias tareas a la vez, sin embargo, varias investigaciones demuestran que el cerebro de los humanos, en realidad, no está diseñado para realizar dos o más cosas al mismo tiempo, y cuando se obliga a hacerlo, la productividad baja hasta en un 40%.
Según refieren la neurocientífica Friederike Fabritius y el neurocientífico David Rabin para National Geographic, esta sobreestimulación afecta al sistema dopaminérgico, es decir, el sentimiento de alegría disminuye; también impide el pensamiento reflexivo, pues se recurre al pensamiento superficial ante la urgencia de tomar decisiones y procesar información. Mientras tanto, en cuanto a la salud física, el cuerpo reacciona como si estuviese en una situación amenazante: “la respiración se acelera, la presión sanguínea y el ritmo cardíaco aumentan y se pierde la capacidad de regular las emociones”, indica Rabin.
De acuerdo con la Asociación Mexicana de Psicología y Desarrollo Comunitario, también uno de los impactos más perjudiciales de este fenómeno es el incremento de la ansiedad y el estrés, pues de cierta manera, nuestro cerebro se adapta a un estilo de vida acelerado que genera la necesidad de mantener la conectividad y la disponibilidad todo el tiempo, “lo que lleva a experimentar sentimientos abrumadores y desarrollar un estado de alerta perpetua”. Así pues, indica, la salud mental se deteriora, desencadenando episodios de ansiedad y reduciendo las capacidades de atención y concentración.
Asimismo, la Asociación asegura que las relaciones sociales se ven seriamente afectadas por los efectos de la inmediatez y en este sentido, “la falta de conexiones significativas favorece sensaciones de soledad y aislamiento”.
Ante este complejo panorama, cultivar la paciencia puede ser una de las herramientas más poderosas para contrarrestar los efectos negativos de la necesidad de lo instantáneo y veloz.
La Fundación Salud y Persona define a la paciencia como la capacidad de mantener la serenidad y la tolerancia ante la espera, las dificultades o la provocación. Se encuentra relacionada con la habilidad de manejar la frustración y el estrés de manera tranquila y permite la toma de decisiones acertadas y la capacidad de mantener relaciones sociales saludables.
Ejercer esta virtud trae consigo múltiples beneficios, comenzando por la reducción del estrés y la ansiedad, lo cual disminuye la posibilidad de reaccionar impulsivamente; también se vincula con el autocontrol, el desarrollo de la resiliencia y el bienestar mental y físico en general.
Además, cultivar la paciencia contribuye significativamente a la neuroplasticidad, es decir, la capacidad que tiene el cerebro de cambiar y adaptar nuevas experiencias y estímulos a través de la reorganización de conexiones neuronales, pues este órgano es como un músculo que requiere de entrenamiento. Con la paciencia, por ejemplo, se debilitan las respuestas impulsivas y en su lugar se fortalece la corteza prefrontal; de igual manera, se refuerzan redes neuronales de calma a través de la espera.
¿Cómo se puede fortalecer esta habilidad?
La paciencia se debe cultivar con esfuerzo y dedicación, pues requiere de un trabajo arduo teniendo en cuenta que estamos acostumbrados a la velocidad y deconstruir el ideal de la inmediatez no es sencillo.
Aplicar técnicas puede facilitar este proceso. Estas son algunas de ellas:
– Transforma la espera en una oportunidad. Aprovecha los momentos que requieren de tiempo de espera para observar tu entorno, respirar profundamente o realizar alguna actividad que te relaje, como leer o escuchar música.
– Visualiza el proceso. Enfócate en los pasos, no solo en el resultado; disfruta y celebra cada pequeño avance.
– Prácticas Mindfulness. Pon en práctica técnicas como la Respiración 5-5-5 (inhalar 5 segundos, mantener 5 segundos y exhalar en 5 segundos) o Monotasking (concentrarse en una sola tarea a la vez, enfocando toda la atención y energía en ella)
– Desacelera a propósito. Camina más lento, come sin pantallas o espera 10 minutos antes de abrir mensajes no urgentes.
– Realiza proyectos lentos. Puedes cultivar una planta desde semilla, aprender de cero un nuevo hobbie o leer libros largos.
Finalmente, si bien esta es una habilidad que se puede ejercitar desde la individualidad, también es necesario y urgente fomentar la paciencia colectiva a través de la comprensión, la empatía y la comunicación, y también fortaleciendo otras habilidades como la escucha activa, el establecimiento de expectativas realistas y una amplia reflexión sobre las repercusiones de vivir en una era acelerada. La paciencia no debe ser solo una virtud personal, sino un compromiso social; cuando aprendamos a esperar juntos, podremos construir un mundo donde la prisa no nos eclipse.