“El arte por el arte”, decían. Pero también el arte por la belleza, por la ruptura, por el alma. Así nació el modernismo, no como un movimiento homogéneo, sino como una actitud ante la vida, ante la estética, ante la literatura y la arquitectura. Fue una reacción elegante y violenta, exuberante y espiritual, frente a una modernidad que convertía fábricas en catedrales, y al individuo en engranaje.
Desde 2013, cada 10 de junio se celebra el “Día Mundial del Modernismo”, una jornada impulsada por el “Museo de Artes Aplicadas de Budapest” para preservar y revalorizar el legado del movimiento. La fecha recuerda el fallecimiento de dos figuras clave del modernismo: Antoni Gaudí y Charles Rennie Mackintosh, ambos muertos un 10 de junio de 1926, representantes esenciales del art nouveau catalán y escocés, respectivamente.
En América Latina, el modernismo no fue una simple imitación europea. Se reescribió desde la lengua, el paisaje, la identidad y la herida colonial. El poeta Rubén Darío, por ejemplo, detonó esta revolución estética con su libro Azul… (1888), que como apuntó el crítico nicaragüense Jorge Eduardo Arellano, “fue el acta de nacimiento de la literatura hispanoamericana contemporánea”.
El modernismo latinoamericano mezcló lo refinado con lo simbólico, lo local con lo cosmopolita. En México, Amado Nervo fue su rostro más conocido. En palabras del investigador José Javier Villarreal, “el modernismo mexicano buscaba una reconciliación entre el alma y el cuerpo, entre lo espiritual y lo sensual. Era una forma de pensar lo nacional desde lo universal” (UNAM, 2021).
Modernismo mexicano: entre la poesía y el mármol
En México, el modernismo se expresó también en la arquitectura y las artes decorativas, influenciado por el art nouveau y el simbolismo europeo. El porfiriato fue clave para su despliegue, aunque con frecuencia se asocia a una élite urbana.
Lugares donde ver modernismo en México:
- Palacio de Bellas Artes (CDMX): Su diseño original de Adamo Boari refleja el art nouveau, aunque las demoras constructivas lo hicieron adoptar también rasgos art déco. La historiadora María Fernanda Matos Moctezuma, experta en patrimonio arquitectónico, señala que “es un edificio que encierra el tránsito entre dos mundos: el decorativismo del siglo XIX y la racionalidad del siglo XX” (INBA, 2014).
- Casa Prunes (CDMX): Un emblema del art nouveau mexicano, con su ornamentación vegetal y balcones curvos. Actualmente funciona como espacio de eventos y muestra cómo lo modernista puede ser revitalizado desde lo independiente.
- Casa Lamm y casas porfirianas de la colonia Roma: Muchas fachadas aún conservan vitrales, molduras y balcones de hierro forjado, elementos claves del modernismo residencial.
- Museo Nacional de Arte (MUNAL): Exhibe pintura simbolista y modernista de autores como Julio Ruelas, Saturnino Herrán y Germán Gedovius, quienes representaron visualmente la estética de esa época.
Aunque el modernismo parece encerrado en los libros de texto, su influencia sigue vigente. Para la crítica de arte Tatiana Cuevas, curadora en instituciones como el Museo Universitario de Arte Contemporáneo y el Museo Amparo, “el modernismo ofrece una lección vital en tiempos de saturación digital: la belleza y la metáfora no son decoraciones, son actos de resistencia”.
En redes sociales, muchos ilustradores reinterpretan motivos modernistas. En la poesía, algunos performanceros y spoken word han vuelto a experimentar con la musicalidad modernista.
La cultura alternativa encuentra en el modernismo una mina aún no agotada. Como sostiene la filósofa Luz Aurora Pimentel, “el modernismo no fue un escapismo. Fue un grito: ‘podemos vivir con belleza, con símbolos, con otros tiempos’” (UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, 2019). Una posición radical en un mundo que exige inmediatez y utilidad.
Recordar el 10 de junio no es un acto nostálgico. Es una invitación a recuperar un impulso: el de quienes creyeron que el arte podía embellecer el mundo sin pedirle permiso al mercado.