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La sal, el condimento controversial

Abigail Carmona Reyes

Publicado el 27 de Junio del 2025

  • Aunque se le relaciona con algunos padecimientos de salud, el sodio es un nutriente esencial para el cuerpo humano.
  •         Nuestra forma de consumo de sal se ve influenciada por algunos mitos alrededor de ella.
  •         Una ingesta moderada es clave para una correcta alimentación.

El consumo de sal es parte del día a día, y aunque es esencial para el cuerpo, su ingesta en exceso suele estar vinculada a problemas de salud, como hipertensión, enfermedades cardiacas y retención de líquidos. Sin embargo, también existen varios mitos alrededor de su uso. En el marco de la Semana Mundial de Sensibilización sobre la Sal 2025, te compartimos algunos puntos importantes sobre ella.

La Semana Mundial de Sensibilización sobre la Sal, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), “busca fomentar la implementación de intervenciones basadas en la evidencia para reducir el consumo de sal en la población”. En este año, se conmemora del 12 al 18 de mayo.

En este sentido, dicha organización alerta que el principal efecto en la salud que se asocia con la alimentación alta en sodio es el aumento de la presión arterial, misma que está vinculada con el riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer gástrico, obesidad, osteoporosis, enfermedad de Ménière y enfermedad renal.

No obstante, a causa de esta premisa se generan algunos mitos sobre su consumo, mismos que fomentan la desinformación y alientan hábitos que podrían resultar aún más perjudiciales. Estos son algunos de ellos según la Asociación Americana del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés) y Coopesalud, cooperativa de salud costarricense.

          Hay que eliminar por completo el sodio para tener buena salud. Falso. El sodio es un nutriente esencial que además de controlar la presión arterial, es necesario para que los nervios y músculos funcionen correctamente, por ello se debe consumir la cantidad adecuada, que, según la OMS, en personas adultas, es de 5 gramos de sal al día (<2 gramos de sodio).

        La sal de mar tiene menos sodio que la sal de mesa. Falso. Al igual que la sal de mesa, la de mar tiene, regularmente, 40% de sodio.

        No agregar sal a la comida significa que no hay consumo de sodio. Falso. Gran parte del consumo de sodio proviene de alimentos que en sí mismos ya lo contienen, como aves, camarones, acelgas, espinacas, acelgas, zanahorias o alimentos ultraprocesados y procesados como aderezos, sazonadores, embutidos, comidas rápidas y chatarra, quesos, panes, leche, galletas, salsas, etc.  

          Solo los alimentos tienen altos niveles de sodio. Falso. Algunos medicamentos, que incluso no requieren receta médica, son altos en sodio.

    No es necesario preocuparse por la ingesta de sodio si los niveles de presión arterial son normales. Falso. En general, consumir menos sodio ayuda a prevenir que la presión aumente, especialmente durante la vejez; además, ayuda a reducir el riesgo de sufrir otros padecimientos, como enfermedades renales.

          Los productos light tienen menos sal. Falso. Este descriptor nutricional indica que el producto tiene 25% menos de algún componente -como grasas, azúcar o calorías- en comparación con el nivel regular. En todo caso, se deben buscar etiquetados que indiquen “bajo en sodio” o evitar aquellos que expresan “alto en sal/sodio” o “exceso de sal/sodio”.

          Después de haber sudado mucho, se debe consumir sal para recuperar el sodio perdido. Falso. El sudor contiene poco sodio, por lo que no es necesario consumir más. En su lugar, sí es recomendable hidratarse adecuadamente.

Así pues, la OPS hace una serie de recomendaciones para reducir la ingesta de sal sin que resulte contraproducente:

          Comer principalmente alimentos frescos y mínimamente procesados.

          Usar hierbas y especias para dar sabor a las comidas en lugar de sal.

      Reemplazar la sal de mesa regular por sustitutos de sal bajos en sodio que contengan potasio.

          Retirar el salero/recipiente de la mesa.

          Limitar el consumo de alimentos procesados.

Gestionar adecuadamente la dieta de todos los días no implica descartar por completo alimentos e ingredientes que en realidad son esenciales para el cuerpo. La sal no es enemiga natural del ser humano, pero es indispensable consumirla moderadamente y así tener una relación cordial con ella. 

El consumo de sal es parte del día a día, y aunque es esencial para el cuerpo, su ingesta en exceso suele estar vinculada a problemas de salud, como hipertensión, enfermedades cardiacas y retención de líquidos. Sin embargo, también existen varios mitos alrededor de su uso. En el marco de la Semana Mundial de Sensibilización sobre la Sal 2025, te compartimos algunos puntos importantes sobre ella.
La Semana Mundial de Sensibilización sobre la Sal, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), “busca fomentar la implementación de intervenciones basadas en la evidencia para reducir el consumo de sal en la población”. En este año, se conmemora del 12 al 18 de mayo.
En este sentido, dicha organización alerta que el principal efecto en la salud que se asocia con la alimentación alta en sodio es el aumento de la presión arterial, misma que está vinculada con el riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer gástrico, obesidad, osteoporosis, enfermedad de Ménière y enfermedad renal.
No obstante, a causa de esta premisa se generan algunos mitos sobre su consumo, mismos que fomentan la desinformación y alientan hábitos que podrían resultar aún más perjudiciales. Estos son algunos de ellos según la Asociación Americana del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés) y Coopesalud, cooperativa de salud costarricense.
– Hay que eliminar por completo el sodio para tener buena salud. Falso. El sodio es un nutriente esencial que además de controlar la presión arterial, es necesario para que los nervios y músculos funcionen correctamente, por ello se debe consumir la cantidad adecuada, que, según la OMS, en personas adultas, es de 5 gramos de sal al día (<2 gramos de sodio).
– La sal de mar tiene menos sodio que la sal de mesa. Falso. Al igual que la sal de mesa, la de mar tiene, regularmente, 40% de sodio.
– No agregar sal a la comida significa que no hay consumo de sodio. Falso. Gran parte del consumo de sodio proviene de alimentos que en sí mismos ya lo contienen, como aves, camarones, acelgas, espinacas, acelgas, zanahorias o alimentos ultraprocesados y procesados como aderezos, sazonadores, embutidos, comidas rápidas y chatarra, quesos, panes, leche, galletas, salsas, etc.
– Solo los alimentos tienen altos niveles de sodio. Falso. Algunos medicamentos, que incluso no requieren receta médica, son altos en sodio.
– No es necesario preocuparse por la ingesta de sodio si los niveles de presión arterial son normales. Falso. En general, consumir menos sodio ayuda a prevenir que la presión aumente, especialmente durante la vejez; además, ayuda a reducir el riesgo de sufrir otros padecimientos, como enfermedades renales.
– Los productos light tienen menos sal. Falso. Este descriptor nutricional indica que el producto tiene 25% menos de algún componente -como grasas, azúcar o calorías- en comparación con el nivel regular. En todo caso, se deben buscar etiquetados que indiquen “bajo en sodio” o evitar aquellos que expresan “alto en sal/sodio” o “exceso de sal/sodio”.
– Después de haber sudado mucho, se debe consumir sal para recuperar el sodio perdido. Falso. El sudor contiene poco sodio, por lo que no es necesario consumir más. En su lugar, sí es recomendable hidratarse adecuadamente.
Así pues, la OPS hace una serie de recomendaciones para reducir la ingesta de sal sin que resulte contraproducente:
– Comer principalmente alimentos frescos y mínimamente procesados.
– Usar hierbas y especias para dar sabor a las comidas en lugar de sal.
– Reemplazar la sal de mesa regular por sustitutos de sal bajos en sodio que contengan potasio.
– Retirar el salero/recipiente de la mesa.
– Limitar el consumo de alimentos procesados.
Gestionar adecuadamente la dieta de todos los días no implica descartar por completo alimentos e ingredientes que en realidad son esenciales para el cuerpo. La sal no es enemiga natural del ser humano, pero es indispensable consumirla moderadamente y así tener una relación cordial con ella.

 



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