Hace algunas semanas se difundió que, mostrando su descontento, la Organización de Veteranos de Rusia se dirigió a las autoridades locales para pedir que se prohíban las telenovelas turcas en dicho país, pues, argumentaron, “estas telenovelas crean una imagen idealizada del hombre. Influye negativamente en la percepción sobre el hombre ruso, lo cual contribuye a la crisis demográfica, ya que las mujeres rusas pierden el interés en los compatriotas”
Estas telenovelas, al igual que muchos otros productos audiovisuales de todo el mundo, difunden narrativas en torno al amor romántico, dramas, relaciones y heroicidad, tramas que triunfan especialmente entre el público femenino. Si bien es cierto que este tipo de productos culturales influye en la manera en que las y los consumidores perciben su realidad o establecen sus expectativas, cabe cuestionar ¿es esta la única razón por la que las mujeres pierden interés en los hombres y, por ende, bajan las tasas de natalidad?
Los nacimientos en el mundo.
Mundialmente y según datos del Banco Mundial, la tasa de fecundidad ha disminuido de manera constante en las últimas décadas. Según las estadísticas, en 1960 cada mujer tenía 5.3 hijos; actualmente, 2.2.
Sin embargo, cabe destacar que existen variaciones entre continentes, países y regiones. Según información de la Revista Mercado, en África algunos países registran tasas superiores a 45 nacimientos por cada mil personas; en Asia, países como Japón y Corea del Sur enfrentan tasas muy bajas, con 7 nacimientos por cada mil personas, pero, en contraparte, naciones como India mantienen tasas más elevadas; en el caso de Europa también se presenta una tasa baja, con 8 por cada mil.
¿Y qué pasa en nuestro continente? En América Latina y el Caribe se registró la mayor caída de fecundidad desde la década de los 50, con una reducción de poco más del 68% en el 2024, pues de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la tasa ronda los 18 nacimientos por cada mil habitantes.
El Observador indica que en países como Chile, Uruguay, Costa Rica y Cuba, cada mujer tiene, en promedio, 1.5 hijos, mientras que Paraguay, Haití y Bolivia presentan una tasa más alta. En nuestro país, según el Banco Mundial, durante 2022 la cifra se mantenía en 1.8 hijos por cada mujer.
Un estudio publicado por investigadores del Instituto de Métricas y Evaluaciones de Salud (IHME) de la Universidad de Washington, citado en BBC, señala que, según los índices, se espera que, en 23 países del mundo, para el año 2100, la población se reduzca a la mitad. Este fenómeno, detallan, desencadenará además que la población envejezca de forma dramática.
Pero… ¿por qué las mujeres tienen cada vez menos hijos?
Estas cada vez más bajas tasas de natalidad, en realidad, se ven influidas por distintos factores económicos, culturales y sociales. Muchos de ellos directamente relacionados con los avances en la igualdad de género, pero al mismo tiempo, otros en las disparidades que aun permanecen en la sociedad y que desfavorecen a las mujeres.
En primer lugar, los gastos de crianza son cada vez más elevados y las condiciones laborales muy precarias. En este sentido y según afirma la UNICEF, las familias optan por tener menos hijos. Asimismo, culturalmente comienzan a normalizarse las familias pequeñas o incluso, sin descendencia.
En cuestión de género, las mujeres poco a poco tienen mayores niveles educativos y mayor participación en los mercados laborales, lo cual les lleva a retrasar, limitar o descartar la maternidad. Además, existe un mayor acceso a métodos anticonceptivos, lo que hace valer sus derechos sexuales y reproductivos, y les permite decidir en este sentido.
Pero, por otro lado, aunque es evidente que hoy en día gran parte de la población femenina valora más su independencia económica, educación y proyectos profesionales que el matrimonio o la maternidad temprana, también es cierto que prevalecen relaciones desiguales que perpetúan roles tradicionales de género, carga mental en el hogar o falta de corresponsabilidad, y que orillan a las mujeres a rechazar la idea de ser madres bajo estas condiciones que limitan su propio desarrollo y les afectan física y psicológicamente.
En conclusión, la baja natalidad no se debe exclusivamente a la pérdida de interés de las mujeres hacia los hombres, aunque sin duda es un factor importante sobre todo al cuestionar la manera en la que tradicionalmente se ejerce la paternidad. Por otra parte, aunque los índices de nacimientos cada vez menores alertan a la población mundial sobre posibles efectos futuros, es necesario concientizar sobre los cambios globales que desencadenan la decisión de una reproducción más baja, además de que, como afirma la UNFPA, “estos avances son una señal de que la población —y sobre todo las mujeres— controla cada vez más su vida reproductiva y de que poder ejercer derechos y libertades mejora nuestra calidad de vida”.