La salud masculina suele ser un tema relegado en las conversaciones cotidianas, y en muchos casos, incluso dentro de la propia agenda médica de los hombres. Factores culturales, estereotipos de género y falta de concientización han contribuido a que temas como el chequeo preventivo, el manejo de estrés y la detección temprana de enfermedades pasen a un segundo plano.
La salud… o la falta de ella.
Entre los principales problemas de salud que afectan a personas del sexo masculino se encuentran: cáncer de próstata, de testículo o de colon; enfermedades cardiacas y de la próstata; disfunción eréctil e infertilidad; diabetes, colesterol y presión arterial; y trastornos de salud mental.
Los factores relacionados con estas afectaciones son el estrés, antecedentes hereditarios, estilo de vida sedentario, hábitos de riesgo -como adicciones o mala alimentación-, y una infrautilización de servicios de salud, tanto en atención médica como preventiva.
Y es que, de acuerdo con las estadísticas, los hombres cuidan y atienden menos los temas relacionados a su salud en comparación con las mujeres. Tan solo en 2021, la OMS declaró que la esperanza de vida de hombres y mujeres era de 68.4 y 73.8 años respectivamente; mientras que los reportes del INEGI demostraron una importante diferencia en las cifras de mortalidad por enfermedad entre ambos sexos en México. Ejemplo de ello fue el Covid-19, ya que mientras el número de muertes en mujeres por esta enfermedad fue de 87 mil 456, en hombres alcanzó las 136 mil 778 defunciones.
De igual forma, el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), quien retoma información del informe de masculinidad y salud en la región de las Américas de la Organización Panamericana de Salud (OPS), señala la presencia del fenómeno llamado “vejez femenina”, pues existe una proporción de 190 mujeres por cada 100 hombres, y en este mismo sentido, advierte que esto no tiene raíz en cuestiones biológicas, sino más bien, socioculturales.
¿Por qué sucede esto?
Un estudio realizado por la Coordinación de Nutrición del CIAD, cuyo objetivo fue explorar las prácticas de autocuidado, construcción de la masculinidad, percepción de riesgo y búsqueda de beneficios, reveló que la conformación de las masculinidades se ve influenciada por los medios de comunicación, la comunidad, la familia y el nivel socioeconómico.
Este aspecto resulta relevante ya que la construcción social y atribuciones que se confieren a cada sexo y género interfieren en gran medida en el ámbito de la salud, pues como indica dicho estudio, la masculinidad hegemónica y machista se relaciona con la “necesidad de mantenerse capaces para seguir desempeñando su papel en la sociedad”, -es decir, proveedores y protectores-, incluso por encima de su bienestar; además, suelen mostrar preocupación por su salud y alimentación solo cuando representa un grave riesgo para la vida, pues de otra manera, este tipo de prácticas se asocian a lo femenino.
La Coordinación de Nutrición también destaca otros elementos, como el ideal de la estética corporal que los hombres deben cumplir por presión sociocultural, lo cual, puede deducirse, se vincula con distintos hábitos no saludables que se adoptan para cumplir con el estándar.
Por otro lado, Health Assured aborda el estigma en torno a la salud mental, pues asegura que “a menudo los hombres son avergonzados o ridiculizados por mostrar vulnerabilidad o hablar de sus luchas emocionales”. Lo que genera una barrera que impide la búsqueda de ayuda y desencadena problemas de esta índole -como depresión y ansiedad-.
¿Qué se puede hacer al respecto?
Casi en su totalidad, el conjunto de problemas de salud que son habituales en personas del sexo masculino son prevenibles y tratables con la atención pertinente.
Para ello, especialistas recomiendan tomar en cuenta distintas prácticas básicas, tales como dormir de 7 a 8 horas diarias, limitar el consumo de sustancias nocivas, realizar actividad física, alimentarse balanceadamente y tomar tiempo de descanso y relajación.
También es indispensable asistir a evaluaciones y chequeos médicos periódicos que incluyan desde lo básico, como la aplicación de vacunas y el monitoreo de presión arterial, azúcar en la sangre, peso, colesterol y enfermedades cardiovasculares; y hasta pruebas de detección de cáncer de próstata, testicular, de piel y colon, así como de ETS y VIH, enfermedades tiroideas, hepáticas y de anemia.
Debemos reflexionar sobre la importancia de reconfigurar cómo se concibe la masculinidad y de esta manera reducir el estigma que rodea la procuración de su salud. Para ello es primordial fomentar conversaciones abiertas, libres de prejuicios y estereotipos; normalizar la búsqueda de ayuda profesional; crear conciencia sobre los efectos del patriarcado en los hombres mismos; y caminar hacia la deconstrucción de la masculinidad hegemónica y machista.