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Papás de papel, canciones y pincel ¿cómo el arte ha dibujado la figura paterna?

Daniel Cuin

Publicado el 19 de Junio del 2025

  • Desde la carta desesperada de Kafka hasta los retratos ausentes en la pintura mexicana, la figura paterna ha sido más evocación que presencia en las artes 
  • Esta nota traza un recorrido por las representaciones del padre en la literatura, la música y las artes visuales, entre silencios, sombras y nuevas formas de imaginar la paternidad

“El padre está ausente porque lo hemos convertido en símbolo antes que en cuerpo, en autoridad antes que en voz cercana”, menciona Marina Azahua en “Ensayos sobre la ternura” y es que la figura paterna ha sido, históricamente, más un eco que una presencia. 

En la literatura, la música y la pintura, el padre ha oscilado entre la sombra idealizada y la silueta lejana; entre la figura que guía o castiga, y la que calla o desaparece. Mientras el Día del Padre —con vitrinas que insisten en corbatas, asadores y herramientas— vale la pena preguntarse: ¿cómo ha representado el arte al padre? ¿Qué imágenes nos ha legado y cuáles han quedado fuera?

“Querido padre…” es como inicia una de las cartas más desgarradoras de la literatura y que Franz Kafka escribió en 1919 para su progenitor, Hermann Kafka, donde reprocha con delicadeza el miedo y la distancia emocional que lo marcaron desde niño. “Carta al padre” no es solo una confesión personal, es una radiografía de la autoridad patriarcal en el siglo XX.

En el otro extremo, la literatura latinoamericana ha jugado entre el padre ausente y el padre simbólico. “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo, es un padre que habita desde la muerte: es hacendado, violento y omnipresente, aunque jamás llega a ser carne viva. Es más una metáfora del poder que un vínculo humano.

Juan Villoro, por su parte, aborda en diversas ocasiones la herencia del padre intelectual —su propio padre, el filósofo Luis Villoro— con humor, afecto y crítica. En su texto El testigo aparecen figuras paternas marcadas por el silencio y el peso de la historia.

En la pintura mexicana, la figura del padre ha tenido menos espacio que la de la madre. Diego Rivera inmortalizó a su madre varias veces, pero solo una pintura es dedicada a su padre, “Retrato de Diego Rivera padre”, de 1914. Un óleo de tonos sombríos donde el progenitor aparece serio, con la mirada perdida, como si no estuviera del todo ahí. Otra vez, un símbolo.

En tiempos recientes, artistas como Héctor Zamora o Adrián Guerrero han jugado con la idea del linaje masculino desde lo abstracto y lo performático, cuestionando los silencios heredados por los hombres en la familia. Otros, como la artista visual Rocío Cerón, han incorporado la figura paterna como un recuerdo fragmentado, más auditivo que visual, en instalaciones donde se escucha la voz del padre, pero no se le ve.

Entre rancheras, rock y silencio

La música popular en México ha exaltado a la madre como la figura central de amor y dolor. El padre, en cambio, aparece con menos frecuencia. Cuando lo hace, es muchas veces como ausencia: «Mi viejo», de Piero, es un canto melancólico al padre envejecido y distante; «Padre nuestro», de Calle 13, mezcla crítica social con dolor íntimo al hablar de la violencia de Estado y la paternidad truncada.

En el rock mexicano, canciones como «Papá», de Molotov, ironizan sobre la autoridad familiar con rabia y humor ácido. Por otro lado, José Madero, ex vocalista de PXNDX, ha escrito sobre la figura del padre desde la herida emocional y el resentimiento velado.

La canción “My Father’s Eyes” de Eric Clapton, y “Father and Son” de Cat Stevens, aunque foráneas, han encontrado eco en generaciones mexicanas que buscan en la música una forma de reconciliarse con el padre ausente, caído o idealizado.

Desde lo católico, la figura de San José ha sido el arquetipo de “padre bueno”, silencioso, trabajador y devoto. Pero incluso en esta tradición, su protagonismo ha sido eclipsado por la Virgen, pues en el arte sacro, José suele estar al fondo de la escena, mirando, casi sin voz en una representación que refuerza la idea del padre como figura secundaria.

En la cultura popular, los altares familiares muchas veces reservan un espacio al padre fallecido, con su retrato y una vela encendida. Un gesto sencillo que lo convierte en símbolo de protección y memoria.

Hoy, artistas contemporáneos comienzan a desmontar la figura del “padre tradicional”. No se trata de destruir al padre, sino de dibujarlo de nuevo: con arrugas, dudas, lágrimas, contradicciones. Padres que no lo saben todo, que aprenden a serlo mientras crían, que fallan y piden perdón.

Porque el arte no sólo retrata el mundo, propone otros posibles. Y si el arte está comenzando a imaginar paternidades más humanas, es porque quizás —por fin— estamos listos para habitar otras formas de ser hijos, hijas y padres.

¿Qué imagen de tu padre te acompañará siempre? ¿Una fotografía, una canción, una pintura? Tal vez no lo dibujes con pincel, pero el arte nos recuerda que también la memoria es una forma de crear.

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