
En el corazón del Centro Histórico de Toluca, en el número 305 de la calle Nicolás Bravo, se posiciona, en historia, uno de los espacios más significativos del arte mexiquense: el Museo Taller Luis Nishizawa. Este lugar no solo resguarda el legado del maestro que supo amalgamar la tradición japonesa con la plástica mexicana, sino que también se mantiene vivo a través de la enseñanza, la experimentación y la producción artística.
Hoy, ese resuena gracias a la exposición “Ecos del Museo Taller”, una muestra de 16 obras realizadas por Leticia Lafón y Adriana Elizondo, artistas formadas en este emblemático taller.
La exposición estará disponible hasta el 8 de junio de 2025 como una conversación visual entre la técnica y la memoria, entre el aprendizaje riguroso y la expresión personal. Lafón y Elizondo son producto de más de una década de formación en el taller “Técnicas de los materiales y procedimientos de la pintura”, un curso impartido en este espacio como extensión natural del pensamiento de Luis Nishizawa: la maestría nace del conocimiento profundo del oficio.
El propio Nishizawa (1918-2014), originario de Tenancingo, Estado de México, fue un artista que desafió categorías. Su obra osciló entre la gráfica, el óleo, el mural y la cerámica, siempre con un interés persistente en los materiales. En sus palabras: “Un pintor debe saber cómo se hace su pintura, cómo se comportan los pigmentos con el paso del tiempo, cómo respira la superficie.” En ese espíritu, el taller fundado en su honor ha formado generaciones de artistas que no solo crean imágenes, sino que entienden la anatomía del cuadro, el alma de cada capa de color.
“Ecos del Museo Taller” se presenta como una prolongación simbólica de esa enseñanza. Las pinturas exhibidas dialogan con el espacio que las vio nacer mientras el montaje parece guiarnos en un recorrido por las atmósferas íntimas del proceso creativo. En la imagen promocional de la muestra —que capta una pintura en la que se integra otra obra como si estuviéramos dentro del museo mismo— se observa un juego visual que remite a la idea de las “capas del tiempo”, una de las nociones más exploradas por Nishizawa y sus discípulos.
Además de su valor estético, la muestra representa una declaración silenciosa sobre el poder de los espacios públicos en la formación artística. En un momento en el que las políticas culturales tienden a la centralización o a la espectacularización del arte, el Museo Taller se sostiene como una trinchera pedagógica que apuesta por la técnica, la constancia y el vínculo entre comunidad y creación.
Visitar esta exposición es también recorrer el rastro del aprendizaje, observar cómo las herramientas del maestro se vuelven el lenguaje de nuevas voces. El museo abre sus puertas de martes a sábado de 10:00 a 18:00 horas y los domingos de 10:00 a 15:00. Una oportunidad única para conocer la obra de dos artistas talentosas, así como para descubrir cómo el arte continúa gestándose, silenciosa y apasionadamente, en los espacios donde se honra la tradición del oficio.
Porque un museo taller no es solo un lugar para ver arte: es un lugar donde el arte sigue sucediendo.