
En un mundo donde las conexiones humanas son cada vez más complejas y en el cual persiste una constante confrontación impuesta socialmente entre el sexo femenino, la amistad entre mujeres se erige como un vínculo poderoso, un acto de rebeldía, lleno de complicidad, apoyo, resistencia y poder transformador.
A lo largo de la vida, las amistades contribuyen de manera muy positiva al bienestar. En general, este tipo de conexiones sociales se convierten en un soporte emocional para enfrentar las distintas circunstancias cotidianas; además, enriquecen la sensación de pertenencia y propósito, y pueden ser motivadoras para cambiar o iniciar nuevos hábitos o experiencias.
Si bien es posible crear estos vínculos entre personas de cualquier sexo, la amistad que surge entre mujeres mantiene particularidades que la hace diferente a otros tipos.
Valeria Sabater, psicóloga por la Universidad de Valencia, afirma que la amistad es gran proveedora de oxitocina, una hormona que contrarresta la producción de cortisol y epinefrina, y favorece la calma; por tanto, en momentos de estrés y miedos, las mujeres buscamos conexiones con otras, quienes más que brindar soluciones, aportan escucha y comprensión.
De acuerdo con diversos estudios, estos lazos femeninos aportan beneficios como la reducción de la soledad, mayor felicidad y conexión social, mejora la salud mental, fortalece la resiliencia, contribuye a la apertura emocional, mejora la confianza y autoestima e incluso pueden estar vinculados con una mayor longevidad.
Por otra parte, más allá del bienestar individual, estas relaciones tienen un impacto colectivo, pues como destaca Hisvet Fernández, psicóloga social feminista y activista de los Derechos Humanos de las Mujeres, Derechos Sexuales y Reproductivos, formar lazos entre nosotras tiene un profundo contenido político que empodera a la colectividad, pues históricamente a las mujeres se nos han atribuido labores de cuidado que, en el fondo y afortunadamente, permiten la creación de vínculos.
“Las mujeres antiguamente conseguían en este compartir cotidiano una fuente de fortaleza y consuelo sobre la que se construía y soportaba su vida diaria. Las mujeres aprendían unas de otras, se atendían unas a otras, podían contar unas con otras” señala.
En este sentido, asegura, los estudios también indican que la amistad entre mujeres impacta en la salud física y psicológica, pues en ellas encontramos el apoyo y ánimo para superar conjuntamente los problemas y limitaciones que impone el sistema patriarcal.
“Ha sido una decisión de las mujeres juntarse y crecer en medio de las dificultades y prohibiciones y así superar la rivalidad, con la que nos han educado patriarcalmente, tejiendo la sororidad entre nosotras como estrategia política y un camino para superarnos. Denunciando las violencias, la opresión, la represión sexual y la sumisión que se nos impone hemos encontrado, en nuestros lazos de amistad, nuestra liberación de conciencia «, subraya.
Así, estas relaciones no solo enriquecen la vida emocional, sino que también funcionan como redes de apoyo que desafían los mandatos patriarcales. Por ello, hoy más que nunca, celebrar y fortalecer estas conexiones es un paso hacia la sororidad y la libertad.