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Cannes 2025: Un espejo del cine contemporáneo entre la memoria, el cuerpo y la política

Daniel Cuin

Publicado el 21 de mayo del 2025

  • Bajo el sol de la Riviera francesa se dibuja un mapa emocional del mundo a través de sus heridas, sus resistencias y sus rituales íntimos
  • ¿Qué es el cine hoy, sino la forma más elocuente de recordar y reinventar?

«El cine no es un arte que filma la vida, el cine está entre el arte y la vida», decía Jean-Luc Godard. En la 78ª edición del Festival de Cannes, ese principio parece fundacional: el cine como tránsito, como evocación, como umbral entre lo que se recuerda, lo que se niega a ser olvidado y lo que, apenas, se empieza a nombrar.

Del 13 al 24 de mayo de 2025, la Croisette volverá a ser el epicentro donde las tensiones culturales del mundo encuentran su lenguaje más depurado. La selección oficial de este año, más allá de su esplendor cosmopolita, es un manifiesto sutil sobre las obsesiones que hoy atraviesan al cine: la memoria histórica, el cuerpo como archivo, la maternidad, la catástrofe ecológica, los fantasmas del poder.

Wes Anderson presenta «The Phoenician Scheme», una comedia de espionaje que, bajo su fachada simétrica y su reparto estelar, esconde una meditación sobre la paranoia posmoderna y el rol de la familia como ficción política. Ari Aster, en «Eddington», se adentra en un pueblo atrapado en su propia psicosis pandémica: una alegoría del encierro emocional que dejó la COVID-19, protagonizada por Joaquin Phoenix y Emma Stone. Ambas obras hablan de lo roto detrás del artificio.

Julia Ducournau regresa con «Alpha» para recordarnos que el cuerpo sigue siendo el campo de batalla de lo político. Ambientada en los años ochenta, la película nos presenta a una niña que enfrenta el estigma del sida: el cuerpo femenino como espacio de contagio, deseo y exclusión. En esa misma línea, Hafsia Herzi adapta la novela de Fatima Daas en «La petite dernière», un coming-of-age queer musulmán que desafía tanto a la tradición como a las narrativas liberales occidentales sobre emancipación.

De España a Irán: geografías de la herida

El cine español se presenta con una fuerza insólita. Carla Simón, con «Romería», vuelve sobre el duelo y la orfandad, trasladando una historia íntima a la Galicia rural, donde el paisaje funciona como espejo afectivo. Oliver Laxe, con «Sirat», propone una road movie de inadaptados que cruzan Marruecos: una deriva espiritual que recuerda a «Mimosas», pero más contenida, más mineral.

En el extremo opuesto, Jafar Panahi, desde Irán, presenta «It was just an accident», de la que se sabe poco. El solo hecho de que un director perseguido por su régimen participe con un título tan críptico ya es, por sí solo, un gesto político. Saeed Roustaee, también iraní, muestra «Woman and Child», otra pieza que parece tocar la fibra de lo íntimo desde un lugar peligroso.

El tiempo como forma, el cuerpo como lenguaje

Hay algo profundamente melancólico en esta edición: muchas de las películas seleccionadas no tratan sobre el pasado, sino que están hechas desde el pasado. «Nouvelle Vague» de Richard Linklater es una reconstrucción del rodaje de «Sin aliento» de Godard; «The History of Sound» de Oliver Hermanus viaja a la Primera Guerra Mundial para registrar las voces de los soldados. Son películas que, al mirar atrás, quieren salvar algo: un gesto, una palabra, una sensibilidad.

Mascha Schilinski en «Sound of Falling» entrelaza cuatro generaciones de mujeres en una granja alemana. La tierra, el cuidado, el lenguaje compartido entre abuelas, madres e hijas, configuran un linaje silencioso. Algo similar pasa con «Jeunes mères» de los hermanos Dardenne, que vuelve a los márgenes sociales, esta vez con madres adolescentes que resisten desde la ternura.

En la sección Un Certain Regard, nombres como Scarlett Johansson y Kristen Stewart debutan en la dirección con «Eleanor the Great» y «The Chronology of Water». La primera, una comedia dulce sobre la reinvención en la vejez; la segunda, una adaptación feroz de las memorias de Lidia Yuknavitch, en la que el cuerpo es narrado como campo de batalla y de gozo. Ambas películas confirman que la sensibilidad femenina en el cine ya no pide permiso: ocupa el centro de la conversación estética.

Y entre tanto estreno, Diego Céspedes (Chile) destaca con «La misteriosa mirada del flamenco», una fábula poética que reafirma el lugar del realismo mágico en el nuevo cine latinoamericano.

¿Qué queda del cine cuando todo cambia?

Cannes 2025 no es solo una competencia; es una declaración. En tiempos de algoritmos, IA y cine como contenido, el festival reafirma que el cine sigue siendo un espacio de resistencia simbólica. Las películas elegidas este año apuestan por el detalle, el silencio, la grieta. No hablan de la actualidad, pero laten con ella.

Como algunos críticos lo mencionan ver cine en Cannes es como leer el diario íntimo del mundo: una bitácora emocional donde lo personal es profundamente colectivo. Cannes 2025 no solo nos dice qué películas ver: nos dice cómo mirar.

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