Abigail Carmona
Publicado el 19 de mayo del 2025

En México, el agua embotellada ya no es solo una opción, sino una necesidad para millones de personas, un producto con distintas presentaciones y al que se destina un porcentaje significativo del ingreso en cada hogar. Sin embargo, aunque ya es algo habitual y normalizado, su consumo conlleva distintos problemas en varios ámbitos.
La problemática…
Para poder comprender este fenómeno consultamos a Vanessa González Hinojosa, doctora en Ciencias Ambientales por la UAEMéx cuya línea de investigación se centra en el agua embotellada y de consumo humano. Y con base en información extraída de su tesis inédita de doctorado1 comparte datos por demás relevantes.
Recuperando información de Enciso (2015)** la también ingeniera Industrial y de Sistemas por el ITESM explica que desde 2014, México ocupa el primer lugar a nivel mundial en el consumo de agua embotellada, pues cada persona consume, en promedio, 296 litros al año según información que recupera de Dijkstra y De Roda Husman (2023, p. 345)**. De acuerdo con datos del INEGI (2014)**, el Estado de México, Jalisco y Ciudad de México son las tres entidades con mayores índices. Este consumo, según el Consejo Estadounidense de Defensa de los Recursos Naturales, afirma, es entre 240 y 10 mil veces más caro que pagar el servicio de agua potable que ofrecen los organismos públicos (Clarke, 2009)**
La normalización de la adquisición de agua en presentaciones desechables por parte de la población mexicana se debe, en primera instancia, a que, para consumo humano, el agua es vista como un producto, más que como un derecho. Seguido de ello, como puntualiza el Sistema de Aguas de Huixquilucan, existe poca confiabilidad en los sistemas operadores del vital líquido, hay un mal manejo del recurso, servicios deficientes y el suministro suele ser insuficiente, irregular y de baja calidad, puntualiza el SAH En contraparte, expone la doctora, el agua embotellada ofrece un fácil acceso, así como supuesta calidad, sin embargo, también hay una falta de regulación a esta industria, misma que actualmente se encuentra dominada por grandes trasnacionales como Coca-Cola, Nestlé, PepsiCo y Danone, de acuerdo con Clarke (2009)**
¿Cómo llegamos a ello?
González Hinojosa explica que este consumo es un hábito arraigado en nuestro país por más de treinta años a consecuencia de hechos históricos como las campañas sanitarias que surgieron en torno al cólera a finales del siglo XX que atemorizaban a la población sobre la calidad del agua de la llave; también, tras el sismo del 85, la ruptura de tuberías y la mezcla del líquido con agua contaminada así como el hecho de que las autoridades no notificaron a la población sobre el arreglo de las mismas dio por resultado la desconfianza hacia el suministro y a pasar formalmente a comprarla (Montero, 2019)**.
La también profesora e investigadora agrega que, además, de acuerdo con Leonard (2012)**, el consumo de agua embotellada se ha visto influenciado por estrategias de marketing de la industria misma que se basan en atemorizar y seducir a las y los consumidores, alimentadas, incluso, por campañas nacionales de la Secretaría de Salud (por ejemplo, en 2012)** que promueven el consumo de agua embotellada bajo el argumento de llevar así un estilo de vida más saludable.
Las repercusiones.
Esta situación genera repercusiones en distintos ámbitos, además del económico. A nivel ambiental, uno de los principales problemas es la elaboración de los recipientes plásticos, pues según retoma la entrevistada de Sánchez-Villavicencio (2016)** Es un proceso que requiere de petróleo crudo y gas natural, recursos extraídos en exceso de la naturaleza.
Otro punto importante se encuentra en la última etapa de las cinco que identifica Annie Leonard (2012)** respecto al ciclo de vida de este producto y que corresponde a la disposición final, misma que refiere a la eliminación o reciclaje de las botellas o garrafones después de su uso, pues, declara la doctora González Hinojosa, estos envases pueden partir a tres vías: ser enterrados, incinerados o depositados en tiraderos a cielo abierto, sin embargo, todos estos casos, recurriendo a Clarke (2009)**, se encuentran directamente relacionados con las emisiones de dióxido de carbono que contribuyen al calentamiento global y por ende, al cambio climático.
En materia sanitaria y de salud, la investigadora retoma información de Clarke (2009)**, las resinas plásticas que se desprenden de los envases, -derivadas de los compuestos químicos denominados ftalatos y bisfenol A o BPA-, migran al agua debido, principalmente, a los cambios abruptos de temperatura (p. 85); sin embargo, estos compuestos son altamente dañinos, pues según la información que recopila de Montero y Cardoso (2016, p.25)**, estos son considerados disruptores endocrinos, es decir, químicos que tienen la capacidad de imitar el funcionamiento de nuestras hormonas y modificar su adecuado funcionamiento, además de que son presumiblemente cancerígenos y por lo tanto, tienen repercusiones en la salud personal y de la población en general como expone que afirman Muñoz y Parker (2017, pp. iii, 7)**. Por otra parte, agrega González Hinojosa, las grandes embotelladoras suelen emplear tratamientos potentes para la potabilización del recurso hídrico, que, si bien garantizan la remoción de contaminantes microbiológicos, también extraen todos los minerales y electrolitos del vital líquido, dejándola exenta de cualquier propiedad nutricional, ocasionando acidez en el estómago y deshidratación en el organismo (Duarte, 2017)**
Finalmente, a nivel social, esta situación, indica la doctora en Ciencias Ambientales, se encuentra relacionada con la violación al artículo 4° constitucional, el cual precisa que el Estado debe proveer a las y los mexicanos de este recurso en cantidad y calidad adecuadas para su consumo, asi como también al artículo 115 constitucional que contempla las responsabilidades que los municipios poseen en cuanto a la provisión del agua potable a la población, así como el tratamiento de aguas residuales, siguiendo a Pacheco Vega (2015)**. Estas faltas por parte de las instituciones, entonces, desencadenan la aún mayor adquisición de agua en envases plásticos.
¿Qué podemos hacer?
El consumo de agua embotellada es una problemática compleja que involucra a distintas instituciones e industrias, sin embargo, como sociedad también poseemos una enorme responsabilidad, comenzando por la inacción frente a las faltas por parte del Estado. En este sentido, la doctora Vanessa González Hinojosa hace hincapié en la necesidad urgente de informarse tanto de las condiciones del agua de la llave, como de la embotellada, asi como unirse a los movimientos socio ambientales ya existentes que hacen frente a la violación del derecho humano al agua; de esta forma, podremos reivindicar nuestros derechos sobre el acceso al recurso y a saber sobre la calidad del mismo que recibimos en casa, asi como a poder tomar acciones ante alguna inconsistencia con los organismos operadores correspondientes.
En este mismo sentido, invita a consultar el capítulo de su autoría “La posibilidad de las contraconductas -desde un ámbito común- frente al estilo de vida (in)sostenible del agua embotellada en México” del libro Diálogo de saberes, experiencias y estudios del agua en México, en el cual se aborda cómo la sociedad civil puede incidir en el ámbito común respecto a ello.
“Se ha visto que, a mayor información, menos consumo de agua embotellada porque ese es el temor que tenemos como población de si nos va a afectar el agua de la llave o si con un simple tratamiento se va a poder mejorar su calidad (…) por eso mismo es muy importante ser activos en poder cuestionarnos, en poder estar investigando sobre la calidad de nuestra agua, (…) no esperar a que nos llegue la información mágicamente, sino que nosotros mismos la gestionemos” subrayó.
Finalmente, instó a recurrir a alternativas sostenibles y accesibles, como los tratamientos domésticos que permiten potabilizar el recurso hídrico desde nuestros hogares, tales como los procesos de hervir y airear, desinfección, o también por medio de piedra volcánica, filtros de carbón activado, sistema de enfriamiento o calentadores solares, mismos que pueden ser consultados a profundidad en su artículo de divulgación científica ¿Regresarías a beber agua de la llave? Alternativas domésticas frente al consumo de agua embotellada en México.
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1 González-Hinojosa, V. (inédita), “La historia del presente del agua embotellada, su problematización y la posibilidad de las contraconductas”, tesis de doctorado, México: Universidad Autónoma del Estado de México.
** Fuentes retomadas durante entrevista de González-Hinojosa (inédita):
Clarke, T. (2009). EMBOTELLADOS. El turbio negocio del agua embotellada y la lucha por la defensa del agua, D.F., México: Itaca, 275 pp.
Dijkstra, A. y De Roda Husman, A. (2023). “Bottled and Drinking Water”. En Food Safety Management. A Practical Guide for the Food Industry, Estados Unidos: Academic Press, pp. 339-362. https://doi.org/10.1016/B978-0-12-820013-1.00042-5
Duarte, D. (2017). “Es el agua, ¡Te está enfermando! El mito del agua”. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=aM-oL4mpOlU&t=67s
Enciso, A. (2015): “México, el mayor consumidor mundial de agua embotellada”. La Jornada [En Línea]. Recuperado de http://www.jornada.unam.mx/2015/03/27/sociedad/043n1soc
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 2014: “Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de Los Hogares 2014”, disponible en: http://www3.inegi.org.mx/rnm/index.php/catalog/164/datafile/F4 [Consultado el 22 de mayo de 2016].
Leonard, A. (2012). La historia de las cosas, D.F., México: Tagus, 92 pp.
Montero, D. (2019). Instituciones y actores. Un enfoque alternativo para entender el consumo de agua embotellada en México, México DF: Tirant humanidades (UAM-Iztapalapa), 305 pp.
Montero, D. y Cardoso, J. (2016). “El agua embotellada y los contenedores de plástico ¿Qué tan confiables son?”. Boletín de la Sociedad Química de México, 10(2), pp. 22-26. Recuperado de http://bsqm.org.mx/pdf-boletines/V10/V10N2/7_Agua_Potable_2016_2.pdf
Muñoz, C. y Parker, J. (2017). “Disruptores endocrinos: información general, efectos en el organismo y su inclusión en contenedores plásticos reutilizables destinados al almacenaje de alimentos” (Tesis de licenciatura en Nutrición y Dietética). Chile: Universidad Finis Terrae, Facultad de Medicina, 19 pp. Recuperado de https://repositorio.uft.cl/xmlui/handle/20.500.12254/874?show=full
Pacheco-Vega, R. (2015). “Agua embotellada en México: de la privatización del suministro a la mercantilización de los recursos hídricos”. Espiral: Estudios sobre Estado y Sociedad, XXII(63), pp. 221-263, Recuperado de https://www.scielo.org.mx/pdf/espiral/v22n63/v22n63a7.pdf
Sánchez-Villavicencio, R. (2016). “Agua embotellada: Identificación de impactos ambientales” (Tesis de licenciatura en Ingeniería Civil). Ciudad de México, México:
Secretaría de Salud (ssaludmex), 2012: ‘’Comercial Combate a la Obesidad: 5 pasos’’ [Video], disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=g5NGXsPHWaI [Consultado el 10 de abril de 2017].
Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ingeniería, 167 pp. Recuperado de http://www.ptolomeo.unam.mx:8080/jspui/bitstream/132.248.52.100/10202/1/tesis.pdf
Vanessa González Hinojosa
Es Doctora en Ciencias Ambientales por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx). Actualmente, se encuentra adscrita a la Universidad Intercultural del Estado de México colaborando en la coordinación de las actividades de la apertura de la Licenciatura en Ciencias del Agua y la Tierra. Asimismo, es docente –invitada– del Posgrado de Ciencias Ambientales en la Facultad de Química de la UAEMéx. Su línea de investigación versa sobre el estudio del agua embotellada y de consumo humano, desde una perspectiva crítica insertada en un campo inter y transdisciplinario. Colabora activamente en la red de investigación: “Red Temática de Estudios Críticos del Agua”. A la par de contribuir como activista en la Asociación Civil “H2O Lerma con Encanto”, que promueve el saneamiento del Río Lerma.
Contacto para mayor información: vangohi13@gmail.com