
Han pasado poco más de noventa días desde que el reloj marcó el inicio del 2025. Afuera de los edificios de la Secretaría de Hacienda, el tránsito de Paseo de la Reforma no se detiene, pero dentro de las oficinas los datos se mueven con una cautela particular. No hay celebraciones ni alarmas. El balance preliminar del primer trimestre de este año muestra una economía mexicana que camina, pero lo hace con paso corto y con la mirada puesta en lo que sucede dentro y fuera de sus fronteras.
Este arranque se da en un contexto de múltiples tensiones. Por un lado, las altas tasas de interés persisten como ancla contra la inflación, mientras que por el otro, sectores productivos como la construcción, la industria manufacturera y el comercio muestran señales mixtas: crecimiento en ciertos rubros con estancamiento en otros. A esto se suma el ruido político que anticipa la presión que ejercen los mercados externos, particularmente el de Estados Unidos, cuyo propio ciclo económico afecta la demanda de exportaciones mexicanas y la inversión de capital extranjero, donde hasta ahora México ha caído al lugar 25 como una los países más atractivos para la Inversión Extranjera Directa (IED).
Estabilidad monetaria, crecimiento limitado
El crecimiento económico de México en el primer trimestre de 2025 apunta a mantenerse por debajo del 2%, con estimaciones preliminares que oscilan entre 1.5% y 1.8%, según el monitoreo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el seguimiento de BBVA Research. Este crecimiento, si bien positivo, marca una tendencia a la desaceleración frente al cierre del año anterior, que alcanzó un 3.2% gracias al impulso del nearshoring y la resiliencia del consumo interno.
Una de las razones principales detrás de esta contención es la permanencia de una política monetaria estricta. El Banco de México, al cierre de marzo, mantuvo la tasa de interés en 9.00%, reducida desde su pico de 11.25% en 2023 que se sostuvo durante casi todo ese año y parte de 2024. Aunque se logró controlar la inflación subyacente, que se ubica ya en 4.36% anual según cifras de la primera quincena de marzo, el costo del dinero sigue siendo alto para la inversión privada.
El dólar, la inflación y la narrativa del peso fuerte
En lo que va del año, el tipo de cambio se ha mantenido notablemente estable, fluctuando entre un máximo de 20.983 y un mínimo de 19.896 pesos por dólar. Este comportamiento del peso frente a la divisa estadounidense se explica en gran medida por las altas tasas de interés que atraen capitales de cartera, así como por la confianza relativa en la estabilidad macroeconómica del país.
Sin embargo, esta aparente estabilidad no siempre se traduce en bienestar. El poder adquisitivo de las familias sigue tensionado. Aunque la inflación general ha cedido —se encontraba en 4.40% anual a marzo—, los precios de productos clave como alimentos procesados, vivienda y servicios continúan presionando los bolsillos de los consumidores.
Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), el valor de la canasta básica alimentaria aumentó un 6.2% en términos anuales al corte de febrero, lo que implica que más hogares destinan una mayor proporción de su ingreso a subsistir.
Nearshoring: promesa pendiente
El nearshoring, esa palabra omnipresente desde el 2022, sigue siendo la gran esperanza a mediano plazo. Las inversiones anunciadas, sobre todo en sectores como manufactura, semiconductores, automotriz y electromovilidad, continúan creciendo, pero su efecto real en la economía cotidiana aún no se refleja con claridad.
En el primer trimestre de 2025, la Secretaría de Economía reportó compromisos de IED por más de 10 mil millones de dólares, con una concentración en el norte del país. Sin embargo, el problema es la infraestructura con estados como Nuevo León, Coahuila y Chihuahua que enfrentan cuellos de botella en materia de energía, agua y transporte.
El empleo y los desafíos internos
A nivel laboral, el empleo formal creció en poco más de 278 mil puestos durante los primeros tres meses del año, de acuerdo con datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Sin embargo, el empleo informal sigue representando cerca del 55% de la población ocupada, uno de los grandes pendientes estructurales.
Por otro lado, las remesas continúan siendo un salvavidas. En enero y febrero de 2025, México aumentó 1.35 por ciento en sus remesas. Una cifra que representa un ingreso para miles de familias y señala una dependencia creciente de ingresos externos que amortiguan las carencias internas, pero que no generan cambios estructurales.
¿Qué sigue?
A tres meses, la economía mexicana no muestra señales de crisis, pero tampoco de expansión contundente. En un año marcado por la sucesión presidencial y por la incertidumbre global —con Estados Unidos camino a nuevas posturas y tras elecciones donde Donald Trump resultó ganador y ha puesto en vilo a todo mundo y Europa enfrentando una desaceleración—, el país se encuentra en una especie de meseta económica: estable, pero expectante.
Mientras tanto, los semáforos de las avenidas donde se toman decisiones importantes todos los días siguen su curso, cambiando de color con una puntualidad que contrasta con la incertidumbre de fondo. La economía mexicana está en marcha, sí, pero el camino aún no está del todo trazado.