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¿Qué llevó al paro de producción en Stellantis Toluca? La cadena rota en el engranaje económico

Daniel Cuin

Publicado el 24 de abril del 2025

Entre la llegada de aranceles del 25% y caídas en las exportaciones el paro responde a algo más que una pausa operativa: es un síntoma del reacomodo comercial en América del Norte y del impacto que las tensiones geopolíticas tienen sobre la industria automotriz mexicana

La pausa llegó sin previo aviso. Aunque se presagiaba en las cifras y en el tono diplomático de las conferencias presidenciales, fue hasta el anuncio oficial cuando la incertidumbre se convirtió en realidad para cientos de trabajadores de la planta de Stellantis en Toluca. Desde el 4 de abril, la línea de producción que da vida al Jeep Compass y al recién introducido Wagoneer S se detuvo. ¿La causa inmediata? Una decisión política y económica tomada al norte del río Bravo: la imposición de un arancel del 25% a los vehículos y autopartes exportados desde México hacia Estados Unidos.

La planta, que ha operado durante más de medio siglo como un engranaje clave en la estructura automotriz de Norteamérica, se quedó en silencio. Los robots de ensamblaje permanecen quietos, los monitores apagados y los turnos suspendidos. Durante abril no se fabricará una sola unidad, lo que representa un paro estimado de al menos 14,000 automóviles, de acuerdo con el promedio mensual de producción registrado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

La lógica del mercado: un golpe a la exportación

En el primer trimestre de 2025, Stellantis registró una caída del 31.3% en sus exportaciones respecto al mismo periodo del año anterior. En números absolutos, la cifra pasó de 99,245 a 68,215 vehículos enviados al extranjero. Esta fue la tercera baja más pronunciada entre las doce armadoras con presencia en México. Pese a un repunte marginal del 1.8% en marzo, el acumulado trimestral reflejó una contracción severa que puso en evidencia una presión que se venía acumulando desde enero.

Las causas, aunque visibles, son complejas. El nuevo arancel impuesto por Estados Unidos es parte de una estrategia proteccionista reactivada por la administración Trump, centrada en presionar las cadenas de suministro de Norteamérica. México, pese a su cercanía y papel clave en el T-MEC, no escapó al golpe. La producción en Toluca depende en un 90% del mercado estadounidense; el nuevo tributo significó un incremento inmediato en los costos y, con ello, una decisión inevitable para la compañía: frenar.

La decisión desde dentro

“No sabemos qué va a pasar después de la evaluación, es preocupante, porque genera incertidumbre sobre nuestros puestos de trabajo y las estrategias que tome la empresa para afrontar la situación (Sobre los aranceles)”, expresó una trabajadora de un área administrativa de Stellantis en Toluca. Quién pidió no ser nombrada, pero su voz refleja el sentimiento general entre los empleados: ansiedad, dudas y una espera sin garantías.

La pausa de abril ocurre justo antes del receso tradicional de Semana Santa, que anualmente reduce la actividad de la planta. Sin embargo, este año no es un paréntesis habitual, sino un parón forzado por la lógica del mercado global.

“Estamos preocupados porque muchos tenemos familias que dependen de nosotros, de nuestro trabajo aquí en la planta”, agregó otro empleado de línea. A pesar de las declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum —quien aseguró que no habrá despidos—, los trabajadores saben que una cadena productiva afectada en una planta puede traducirse en efectos dominó: proveedores en pausa, pagos aplazados, proyectos detenidos.

La pausa de Stellantis no se limita a México. También afectó a la planta de Windsor, Canadá, y a más de 900 empleados en Estados Unidos vinculados a la fabricación de autopartes. En otras palabras, la medida es reflejo de una cadena de ensamblaje integrada que se ha fragmentado temporalmente por una decisión política.

“La compañía está evaluando los efectos a mediano y largo plazo”, indicó Antonio Filosa, presidente de Stellantis en América, en una carta dirigida a los empleados. Lo cierto es que la evaluación no será solo económica, sino estructural. La imposición de aranceles revela una tensión permanente entre la competitividad industrial y la política proteccionista. Y en el centro de esa tensión están los trabajadores, los eslabones más sensibles de la cadena.

Una pausa con efectos duraderos

México ha sido, durante las últimas dos décadas, bastión para la industria automotriz global. Según la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), el país ocupa el séptimo lugar como productor de automóviles en el mundo y es el cuarto exportador global. La planta de Toluca representa no sólo una pieza de esa estadística, sino un nodo económico que afecta directamente a proveedores de autopartes, servicios logísticos y transporte.

Si bien el gobierno federal ha prometido diálogo y soluciones, mientras Stellantis ha asegurado que la medida es temporal, el episodio expone con claridad la fragilidad de una economía nacional profundamente anclada a los vaivenes de una potencia vecina.

Mientras tanto, en la planta, los trabajadores esperan entre la esperanza y la incertidumbre, mirando hacia las líneas de producción detenidas…

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