Desde las más simples hasta las más complejas, nuestra vida está llena de decisiones que impactan en pequeña o en gran medida en todos los ámbitos y por ello es primordial tomarlas de manera consciente y responsable.
De acuerdo con Formación Emocional, un sitio web dedicado al desarrollo de habilidades emocionales y sociales, “la toma de decisiones es un proceso cognitivo en el que un individuo elige entre diferentes opciones disponibles”. Esta acción involucra interacciones en varias áreas del cerebro como la corteza prefrontal, la cual se asocia con el razonamiento y la planificación; así como el sistema límbico, el cual desempeña un papel en la emoción y la motivación, según explica el sitio.
Elegir qué opción tomar puede representar una carga emocional que pudiese afectar el bienestar psicológico. Formación Emocional considera que quienes presentan dificultades para la toma de decisiones comúnmente experimentan ansiedad, procrastinación o parálisis por análisis, debido a una preocupación en exceso por las consecuencias de sus elecciones y el miedo al arrepentimiento. Estos fenómenos, según Método SOMA, corresponden a la teoría de la paradoja de la elección, una propuesta del psicólogo Barry Schwartz que sugiere que el exceso de opciones puede generar este tipo de malestares, a pesar de vivir en un mundo que valora la libertad y la variedad.
En este sentido, es clave adoptar estrategias que permitan mitigar la carga emocional y ofrecer una toma de decisiones eficiente. Para ello, la terapeuta Michele DeMarco en Psichology Today recomienda tomarse un tiempo y despejar la mente para estar conscientes en la elección; identificar el desafío que se tiene por delante y saber lo que se quiere lograr; reconocer los propios prejuicios; hacer un balance de los valores personales, explorar las opciones, considerar las consecuencias de cada acción, tomar la decisión y comprometerse a tomar medidas, y verificar con el tiempo.
Por su parte, el centro de psicología y bienestar emocional Mentes Abiertas Psicología agrega y despliega los siguientes elementos:
- Tener conocimiento de sí mismo, reflexionar sobre nuestra fortalezas, debilidades, valores, objetivos y emociones. Con ello se podrán alinear las decisiones con lo que realmente queremos y necesitamos en la vida, así como con nuestras metas y valores personales.
- Realizar una autoevaluación de manera constante ayudará a tener mayor claridad sobre la propia identidad y deseos.
- Tener claridad en cuanto a objetivos y metas, pues tomar decisiones sin un propósito claro puede llevar a resultados insatisfactorios o conflictos internos.
- Visualizar el resultado potencial de las decisiones; esto ayudará a conectar emocionalmente con las consecuencias de estas y evaluar si nos acercan o no a los objetivos.
- Analizar a fondo las diferentes alternativas disponibles.
- Identificar los pros y los contras, y cómo estos se alinean con los objetivos.
- Evaluar los riesgos y determinar la tolerancia a la incertidumbre.
- Tomar decisiones informadas para tener una base sólida y reducir la incertidumbre asociada con ellas.
- Aceptar la responsabilidad por las consecuencias de nuestras acciones y reconocer que estas tendrán un impacto en nuestra vida e incluso, en la de los demás.
- Aprender de manera continua, independientemente del resultado de cada decisión; esto brinda la oportunidad de reflexionar, crecer y mejorar nuestras habilidades en la toma de decisiones.
Si bien no es posible huir de las responsabilidades que conlleva tomar decisiones de distinta índole, es necesario aprender a ser conscientes a la hora de hacer una elección y, sobre todo, de aprovechar los resultados que estas provoquen. De esta manera es posible que con el tiempo decidir no sea motivo de malestares psicológicos y se pueda lograr con firmeza y sin miedo al arrepentimiento.