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La iconoclasia como forma de protesta: rumbo a marcha del 8M

Abigail Carmona

Publicado el 7 de marzo del 2025

  • A lo largo de la historia, los actos iconoclastas han sido una herramienta para lograr transformaciones sociales y políticas.
  • Durante las marchas feministas, la intervención de símbolos responde a la inacción institucionalizada frente a la violencia de género, así como a la importancia de accionar en el espacio público.

Pintas en muros, destrucción o intervención de monumentos y estatuas, quema de algunos objetos y desfiguración de imágenes o pinturas son acciones comunes durante las marchas que se suscitan a raíz de fechas conmemorativas, como lo es el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Aunque estos comportamientos generan mucho debate entre la sociedad por lo “agresivos” que parecen, existe un concepto que durante las manifestaciones se debe tener muy presente, pues su significado e impacto va más allá de solo decir que “esas no son formas”.

Foto: Carmen Hernández

La iconoclasia es entendida como la destrucción, ruptura, intervención o cuestionamiento de imágenes, espacios, símbolos y monumentos por razones políticas o religiosas, sobre todo, como parte del rechazo a la autoridad e ideología que estas representan.

Los actos iconoclastas no son algo nuevo. Sus raíces se encuentran, de primera instancia, en un contexto religioso: en los siglos VIII y IX surgió la iconoclasia bizantina como rechazo a las imágenes religiosas por considerarlas idolatría; asimismo, en el siglo XVI durante la Reforma Protestante se cuestionaron muchas prácticas de la iglesia católica, incluido, nuevamente, el uso de estas imágenes.

Además, estos actos se han presentado a lo largo del tiempo por diversas causas; en el siglo XX fueron propios de los movimientos anticoloniales y de descolonización durante los procesos de independencia en África, Asia y América Latina. También han sido una herramienta recurrente en revoluciones y cambios de regímenes, como en la Revolución Rusa, en la caída del Muro de Berlín o en la Revolución Cubana, así como en movimientos sociales por los derechos humanos y de justicia social, mismos que no han dejado de verse llegado el siglo XXI, tal como las marchas feministas.

Foto: EyeEm

Durante estas marchas, en las que se alza la voz por la igualdad de género, la justicia y el fin de la violencia contra las mujeres, la iconoclasia se presenta como una herramienta para cuestionar y transformar símbolos que representan opresión, discriminación y estereotipos de género. Esto suele verse a través de intervenciones a vallas publicitarias, anuncios o carteles que cosifican a las mujeres o promueven roles opresivos; también por medio de performances que incluyen la quema de símbolos opresivos o cuestionamientos hacia obras de arte o demás productos culturales que refuerzan estereotipos o glorifican la violencia de género; incluso, a través de plataformas digitales en las que se denuncia y derriban simbólicamente a figuras públicas, empresas o instituciones que perpetúan esta desigualdad. Pero sin duda, una de las formas más cuestionadas y criticadas ha sido la intervención a estatuas, monumentos, edificios y demás figuras históricas y públicas, que, en realidad, se encuentran asociadas con el machismo, la opresión de género o la violencia contra las mujeres.

Estas acciones provocan que parte de la sociedad señale y juzgue, bajo el argumento de la defensa del patrimonio cultural, además de calificarlo como vandalismo, el cual, a diferencia de la iconoclasia, es una destrucción o daño sin un objetivo social o político definido.

Sin embargo, es necesario no perder de vista que durante las marchas feministas los actos iconoclastas son una forma de cuestionar, resignificar y transformar los símbolos que perpetúan la desigualdad y surgen como respuesta a la opresión, injusticia e inacción de las instituciones y el Estado para dar solución a la violencia de género que en nuestro país afecta al 70% de la población femenina y deja sin vida a al menos 11 mujeres al día.  

Además, como lo señalan Gómez Gómez y Trujillo Holguín (2024)1, “la iconoclasia y la expresión social promueven la reflexión sobre la memoria, la identidad nacional y el papel de la protesta en la historia (…) la iconoclasia contemporánea resalta cómo la memoria histórica, la identidad colectiva y la participación ciudadana transforman los espacios públicos” pues estos espacios son el lugar adecuado para convertirse en “escenarios de protesta y resignificación social”.

Así, a través de estos actos, las mujeres buscan construir una sociedad más justa y equitativa. Para ello, todas y todos deben atreverse a profundizar en cuál es el verdadero problema, la razón que desencadena este accionar, pues en sí misma la iconoclasia no es un acto vandálico, sino una herramienta de cambio social y político.

 

 

1 Gómez Gómez, D y Trujillo Holguín, J (2024) “Iconoclasia y feminismos: la resignificación del espacio desde el Palacio de Gobierno de Chihuahua”, Decumanus. Revista interdisciplinaria sobre estudios urbanos, 13(13). https://doi.org/10.20983/decumanus.2024.2.4 

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