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El arte como juego, 35 años de Gabriel Orozco

Daniel Cuin

Publicado el 13 de febrero del 2025

En su nueva exposición “Politécnico Nacional”, el artista convierte al Museo Jumex en el escenario de un recorrido por su universo creativo, donde lo cotidiano se transforma en arte y la reflexión se convierte en juego

 

Fotografía de AGGI GARDUÑO

El arte de Gabriel Orozco es un juego en constante movimiento, una exploración donde lo lúdico y lo cotidiano se entrelazan con la crítica y la reflexión. Con la exposición Polítécnico Nacional en el Museo Jumex, el artista mexicano abre una ventana a su universo creativo, donde la interacción, la materialidad y la provocación son elementos fundamentales.

Desde el primer instante, la exposición reta al espectador. No es una retrospectiva en el sentido convencional; Orozco ha dispuesto su obra en estratos, como si explorara en su propia trayectoria para revelar las capas de su pensamiento artístico. La curaduría de Briony Fer establece una estructura temática: en el piso superior, obras que aluden a lo etéreo y flotante; en el siguiente nivel, una exploración de la naturaleza y la materia viva; y, finalmente, un mundo submarino y una «composta» digital que reúne críticas, memes y comentarios que han rodeado la obra del artista a lo largo de su carrera.

Nacido en Xalapa, Veracruz, en 1962, Gabriel Orozco es uno de los artistas contemporáneos mexicanos más reconocidos a nivel internacional. Su obra ha sido expuesta en prestigiosos museos y galerías de todo el mundo, como el Museum of Modern Art (MoMA) en Nueva York, el Tate Modern en Londres y el Centro Georges Pompidou en París. Su trabajo desafía constantemente las nociones convencionales del arte y explora la interacción entre lo cotidiano, lo lúdico y la estructura formal.

Después de casi dos décadas sin una exposición individual en México, Orozco regresa con Politécnico Nacional, una muestra que recopila 35 años de su trayectoria artística. La exposición es una exploración de los temas recurrentes en su obra y un reflejo de su evolución artística. Orozco menciona que su compromiso con el arte es «cotidiano, una búsqueda constante por descifrar el mundo»

Dentro de la muestra, una de las piezas más icónicas es Empty Shoe Box (1993), una simple caja vacía que cuestiona la percepción del arte y el objeto. «Cuando tienes una pieza que genera tantos comentarios y la vuelves a poner en un espacio institucional, sigue teniendo el mismo potencial que tuvo hace tantos años», comenta Orozco. Su arte es una invitación a la interpretación y a la interacción: «El arte no es una disciplina dividida en especificidades de técnicas, sino en actitudes y momentos acompañados», añade.

Junto a esta obra, se encuentran otras piezas emblemáticas, como La DS (Cornaline), un Citroën DS modificado para convertirse en un monoplaza; la Ping Pong Table, que introduce un estanque en el centro de una mesa de ping pong; y un esqueleto de ballena azul que cuelga imponente sobre los visitantes.

Para Orozco, el arte es también un juego. Esta lógica lúdica permea en su obra: su mesa de billar ovalada o su ajedrez con puros caballos no son meras ocurrencias, sino ejercicios de reflexión sobre la estructura de los sistemas que rigen nuestra percepción.

Otra constante en la obra de Orozco es la resignificación de los objetos cotidianos. Sus «mesas de trabajo», integradas por piezas recolectadas en distintas partes del mundo, son testimonio de su proceso creativo: desde corcholatas y boletos de avión intervenidos hasta huesos y restos de materiales diversos.

Ubicado en Miguel de Cervantes Saavedra 303, en la colonia Granada de la Ciudad de México, el Museo Jumex presentará la exposición hasta el 3 de agosto de 2025, ofreciendo a los visitantes la oportunidad de sumergirse en el universo creativo del artista y explorar la riqueza de su propuesta estética.

Fotografía de AGGI GARDUÑO

Un Arte Que Se Defiende

A lo largo de su carrera, Orozco ha desafiado las categorías tradicionales del arte. Su visión está anclada en la idea de que el arte es un proceso de interacción y reinterpretación constante. «El compromiso es cotidiano, cada día se trata de descifrar el mundo», expresa el artista. Su obra, lejos de ser un ejercicio de complacencia, es un reto al espectador: un llamado a mirar de nuevo, a repensar lo que nos rodea y a descubrir el arte en lo inesperado.

Con Polítécnico Nacional, Gabriel Orozco reafirma su lugar como uno de los artistas más influyentes del arte contemporáneo, capaz de transformar lo ordinario en una reflexión profunda sobre la naturaleza del arte y la percepción. Una exposición que, sin duda, dejará huella.

ICONO OJO-10

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