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El libro y la lectura en el Estado de México

Jimena Ramírez / Heber Quijano

Publicado el 7 de febrero del 2025

Antes de que el libro existiera como ahora lo conocemos la información se transmitía de manera oral. Luego, eran los copistas los encargados, al transcribir transcribían letra a letra (reduciendo así la cantidad de ejemplares disponibles) a través de materiales como papiros y tablillas de madera o arcilla, papiros y/o pergaminos. Después, vino Gutenberg y la imprenta de tipo móvil, con prensa y una masificación lenta pero consistente que permitió que los libros llegaran a muchas más gente, incluso con colecciones de bolsillo, como las que iniciara Aldo Manucio en Venecia en el siglo XV. Luego vino la revolución industrial y las rotativas, así como la alfabetización democratizó el acceso a la lectura y la información en los libros. 

Desde sus primeros comienzos hasta el presente la forma de leer ha evolucionado desde la tradición oral, pasando por los manuscritos hechos a mano hasta llegar a la era digital. En todo ese trayecto el libro y sus contenidos, como el producto cultural y simbólico más trascendental de una sociedad o como un producto de consumo, ha estado siempre rodeado por todo un ecosistema: desde los productores de papel, tinta, impresoras, escritores, editores, promotores, bibliotecas, instancias oficiales y privadas, editoriales y el más importante: el lector. Cada etapa ha tenido sus variantes respecto a acceso, consumo y capital cultural de la cultura escrita. Con el uso creciente de la tecnología se pensó que el libro sería completamente desplazado por los ahora populares Ebooks (libros digitales). Colapso que no ha sucedido, por cierto.

El libro tiene un aura especial, de autoridad y de trascendencia. Desde los libros fundacionales religioso (Biblia, Corán y Torá) hasta la sabiduría popular del refrán (“papelito habla”, “planta un árbol, ten un hijo, escribe un libro”), esa permanencia y autoridad de lo impreso conlleva un halo de celebridad, que hasta los políticos han utilizado para sus  plataformas. Por todo lo anterior, los libros y la lectura tienen una particularidad dentro de las actividades humanas. 

 

El ecosistema del libro 

En México, la encuesta Módulo sobre Lectura de 2024 confirmó que 69.6% de la población declara haber leído un libro, periodico, historietas, páginas de internet o blogs; 41.8 % enfocado en libros físicos y 39.4% de modo digital (internet, foros o blogs). Resalta que los mexicanos sólo leen 3.2 libros al año. ¡Vaya panorama para nuestro país!

A partir de un proyecto oficial, el dr. Sebastián Rivera Mir, del Colegio Mexiquense, comanda un proyecto transversal: El ecosistema del libro en el Estado de México. Ahí confluye un observatorio de la lectura, un seminario, dos libros ya publicados y un foro-blog con sus respectivas redes sociales para entender todo ese confluir de dinámicas en torno a la lectura y el libro. Así, dicho proyecto lleva tres años en activo, con el afán de evaluar, monitorear y mejorar las actividades que buscan fomentar el gusto y hábito lector con ayuda de distintos integrantes de este ecosistema. Y, sobre todo, acelerar el “diálogo” entre dichos integrantes. 

Según el dr. Rivera, una etapa consistente en el ecosistema del libro es el relacionado con el sector educativo y la etapa en el que los individuos estudian de manera oficial. También señaló la necesidad de una interacción entre editoriales-librerías-bibliotecas para que faciliten el acceso a los lectores. Incluso señaló la dificultad de encontrar libros editados en el Estado de México en las bibliotecas estatales. 

A la pregunta sobre la existencia de un lector mexiquense, Rivera Mir puntualizó la diferencia entre la zonas urbanas (Toluca, Texcoco, la zona conurbada) con un acceso considerable a una oferta versátil frente a las zonas rurales, donde las bibliotecas son fundamentales, sobre todo, con la afirmación de que el Estado de México es la entidad con red de bibliotecas públicas importante. También resaltó las ventas de manera digital de poesía de las editoriales independientes, así como la existencia de lectores que se esfuerzan en ir a las ferias del libro. Así como la exportación de libros en una cantidad que supera los 8 millones de dólares, en el ámbito de las editoriales comerciales. 

Apuntó sobre la necesidad de virar la lectura hacia la noción de una actividad placentera y hacia la posibilidad de un derecho a la “no lectura”. Finalmente, nos dio la primicia del siguiente tomo: ¿Dónde están los lectores?

El panorama

De acuerdo con el Sistema de Información Cultural, en México existen 386 editoriales y buena parte de ellas son de origen extranjero. Entre ellas el duopolio (Planeta y Penguin R.) que domina el mercado hispanohablante, en contraste 80% de las editoriales independientes se autodeterminan como pequeñas, micro o proyecto inicial.Además, según INEGI, el sector cultural en 2023  contribuyó con un monto de 820 963 millones de pesos de PIB, es decir, 2.7 % del total de la economía. De ese sector, los contenidos digitales e internet representaban 18.1%, mientras el rubro de libros, impresiones y prensa 8.5%.

Así,pues, el ámbito editorial en términos económicos tiene un panorama complicado por un mercado dominado por dos trasnacionales y con una desaceleración económica. A pesar incluso de la masificación de las recomendaciones literarias en las redes sociales.

Aún así,  México es el undécimo mercado del mundo para el sector editorial. Los libros más vendidos son los pertenecientes a la educación básica (42% del mercado), los libros en inglés (17%) y los libros infantiles (11%). A pesar de que los libros para la educación lideran las ventas la pirateria es un importante detractor en México, como muestra en el sexenio de López Obrador aumentó cerca de un 10% para libros físicos y 12% los  digitales.

Cualquiera que sea el destino de la historia del libro en el futuro, su pasado muestra la capacidad que ha tenido y sigue teniendo para ocupar un espacio en la vida del mexicano.

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