Existen, en la vida humana, muchas habilidades que resultan provechosas para mantener una actitud positiva y hacer frente a imprevistos u obstáculos que se atraviesan en el camino y complican la existencia. La gratitud es una de las habilidades, que puede estar subestimada; una virtud que, en realidad, tiene grandes beneficios en la salud mental, emocional e incluso física.

La gratitud es un sentimiento de reconocimiento y apreciación de los aspectos de la vida, principalmente positivos, que permite valorar lo que está funcionando, así como las aptitudes propias y del entorno.
Practicarla ayuda a centrar la atención en lo que ocurre en el presente, aquí y ahora, lo cual reduce el estrés y la ansiedad. Además, de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), se trata de una emoción relacionada con la salud mental, la satisfacción vital, el autoconocimiento y la autogestión que desencadena cargas de optimismo, autoestima, relaciones sociales sólidas y felicidad.
También se encuentra vinculada con un mejor descanso, con dosis de esperanza, resiliencia, compasión y reducción de emociones negativas. Asimismo, ayuda a ver las dificultades pasadas como aprendizajes útiles y no como situaciones traumáticas.
Más aún, estudios indican que puede tener importantes beneficios en la salud física, como la reducción de problemas cardíacos, la gratitud es parte del conjunto de acciones que deben convertirse en hábitos para contribuir al bienestar personal y colectivo, pues, además, ser agradecido/a con las personas que le rodean traerá consigo una cadena de esta cualidad.
Para comenzar a practicar la gratitud, los Institutos Nacionales de Salud recomiendan reflexionar sobre las cosas buenas que han sucedido en la vida, por muy pequeñas y rutinarias que estas parezcan, y procurar el disfrute de las experiencias positivas a pesar de los posibles aspectos negativos que estas incluyan.
De igual forma, aconseja tomar un descanso para hacerlo, contemplar el panorama, llevar un diario para poder expresarlo, revivir los buenos tiempos y hacerle saber a personas importantes en su vida cuán agradecido se siente con ellas.
La gratitud, más que una emoción temporal, deber ser una habilidad adoptada y cultivada desde la infancia, pues esto permitirá construir relaciones sanas y fuertes basadas en la bondad y con repercusiones placenteras para cada individuo y su contexto social, convirtiéndose así, en un estilo de vida elegible pero enriquecedor.