Daniel Cuin
Publicado el 19 de diciembre del 2024
Un faro para el cine documental mexicano y un espacio donde la realidad se enfrenta desde la lente del arte y la reflexión
Este festival ha demostrado que el cine no ficción puede ser una herramienta poderosa para comprender, transformar, así como celebrar la riqueza y los contrastes de un país tan complejo como maravilloso
En un rincón del occidente mexicano, bajo la sombra del Volcán de Colima, a lo largo de 17 años se ha tejido un espacio singular para el cine documental. Más que un evento cinematográfico, el Festival Zanate es un gesto de resistencia cultural, un canto de rebeldía y un homenaje a la diversidad narrativa que el documental mexicano ofrece.
Desde su creación en 2008, Zanate ha sabido sortear las corrientes del panorama nacional del cine y ser un oasis dedicado exclusivamente al cine de no ficción producido en México. En sus inicios, el festival surgió como una respuesta tanto a la escasa oferta cinematográfica en el estado de Colima como a las tensiones sociopolíticas que azotaban la región. En este contexto, Zanate halló su vocación: ser un espacio de encuentro, reflexión y transformación social a través del cine.
A lo largo del año, el espíritu de Zanate no se apaga; al contrario, se expande. La Zanateca, un proyecto derivado del festival, trasciende las fechas oficiales para llevar documentales a más rincones del estado de Colima. Con un programa diverso que incluye proyecciones itinerantes, cineclubes y eventos como Docs & Rock, este espacio busca generar diálogos íntimos y colectivos sobre las realidades que nos rodean.
Entre agosto y diciembre de 2024, la Zanateca presenta más de 30 actividades como funciones especiales con cineastas invitados, conversatorios y proyecciones en los municipios de Comala, Manzanillo y Cuauhtémoc. Esta iniciativa, respaldada por el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), es un testimonio del compromiso de Zanate con el cine como herramienta de transformación social.

Una edición con espíritu juvenil y rebelde
En noviembre de 2024, la 17ª edición del festival llevó a cabo un programa de actividades que consolidó su carácter íntimo y accesible. Entre patios históricos y salas universitarias, se proyectaron más de 30 títulos, desde largometrajes hasta cortometrajes universitarios, con un enfoque curatorial que celebra la diversidad cultural y narrativa de México.
Este año, el Gran Premio Zanate fue otorgado a “Mi pecho está lleno de centellas” de Gal S. Castellanos, una obra que desafía los cánones de género y narrativa. Otros galardones fueron entregados a obras como “Vientre de luna” de Liliana K’an y “Concierto para otras manos” de Ernesto González Díaz, en una selección que visibiliza tanto a cineastas consolidados como emergentes.
A diferencia de festivales que buscan crecer por la inercia del mercado, Zanate se mantiene fiel a su esencia: ser un espacio horizontal y accesible. Su director, Carlos Cárdenas, enfatiza en la importancia de un formato íntimo, donde la comunidad colimense y los realizadores pueden compartir sin barreras.
Con iniciativas como la Residencia Zanate –un retiro para documentalistas bajó la vista del volcán– y talleres colaborativos como “Nosotras contamos””, el festival ha sembrado raíces profundas en la región. Un recordatorio de que el cine no solo se ve, sino que se vive, se siente y se comparte.
En un México tan complejo como maravilloso, el Festival Zanate se erige como un refugio donde la cámara no solo captura imágenes, sino también las voces, las luchas y los sueños de quienes habitan este país. Aquí, el documental no es solo un género cinematográfico: es un espejo y una herramienta para construir futuros posibles.